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Los caminos del hit de Norberto «Pappo» Napolitano

Publicado el 12 de febrero de 2017

«Mi vieja» y «Juntos a la par», dos de «sus» canciones más conocidas, no son suyas.

Los motivos que convierten a una canción en un hit son siempre un misterio. Si bien algunos científicos intentaron probar cómo se construyen los temas que llegan al número uno (hay que ponerle determinado ritmo, la combinación de tales acordes, las vueltas de estrofa, puente, estribillo, etc.), el resultado termina casi en todos los casos por ser azaroso. A pesar de que son muchos los productores que tienen el oficio y trabajan de eso (de hacer hits), nadie tiene la aprobación del público comprada. Es cierto, están más cerca de otros de lograrlo, porque la industria les juega generalmente a favor, sobre todo en lo que a difusión y/o bombardeo mediático en radio, televisión y redes se refiere, pero no hay una fórmula única e inequívoca para alcanzar la meta.

Todo esto viene a cuento de lo que fue el primer gran hit del viejo y querido Norberto Napolitano (Pappo, 1950-2005). Esencialmente guitarrista, pero también cantante y compositor fundacional y fundamental del rock argentino, Pappo fue emblema del rock and roll y el rock duro en nuestro país. Ecléctico y capaz de pasar de la filosofía de Nunca lo sabrán (“Nunca estamos solos, nos pertenecemos, a un presente que pasado fue”) al absurdo de Sándwiches de miga (“No puedo evitar que vengan hacia mí los sándwiches de miga”), se destacó por escribir algunos de los himnos rockeros por antonomasia como El tren de las 16 o Sucio y desprolijo. Y sin embargo, el reconocimiento masivo, ese que te pone en todas las radios y en todos los programas de televisión, esa canción que hasta tu abuela conoce, le llegó por un tema que él no escribió.

Corría 1992. Los reclamos de los jubilados -y en particular de una tal Norma Plá, que hizo llorar al entonces ministro de Economía Domingo Cavallo con su historia- estaban al tope de las noticias. El programa humorístico de Tato Bores decidió invitar a Pappo a cantar una canción que en muy poco tiempo -la leyenda cuenta que la letra demoró 10 minutos- escribieron Sebastián Borensztein y Eduardo Frigerio para él, Mi vieja. Un hombre duro, con su vozarrón inconfundible y su icónica campera de cuero, el metálico guitarrista de Riff cantando “Nadie se atreva a tocar a mi vieja” tocó algo en la sensibilidad popular. Y pese a todo lo que Pappo se negó a grabar el tema y hasta, según cuentan algunos testigos de la época, insultó a diestra y siniestra, la canción pasó de la tele a su disco Blues local, le aseguró la masividad y lo abrió a otros públicos, con el bienvenido aumento de su cantidad de show.

Pero no es la única paradoja en la carrera compositiva de Pappo. Una de sus canciones más conocidas, el blues Desconfío de la vida (ese de “No sé por qué imaginé…”) se ha convertido con el paso de los años y de las generaciones en un standard de la guitarra de blues, la canción que no puede faltar -y no falta, créanme- en ninguna zapada. Pero la versión original de su autor está en Pappo’s Blues Volumen 2, de 1972, y allí Pappo no toca ninguna guitarra, sólo un piano. Es decir, la canción tomó, con el recorrido que le dan los años, su propio rumbo, que es lo que sucede con los hits.

Y una más. En lo que terminó siendo su último disco, Buscando un amor (2003), se destaca una balada blusera, Juntos a la par, que ya se ha convertido en un nuevo clásico y comenzó a tener versiones de otros artistas, como Adrián Otero y Daniela Herrero. Pues bien, Juntos a la par no fue escrita por Pappo, sino por quien fuera su bajista y es uno de los músicos más destacados de la movida country, Yulie Ruth. Pappo tuvo el buen gusto de cambiarle el ritmo, darle algún giro a la letra y tocarla y cantarla con un sentimiento único. Potenció la canción y, de alguna forma, creó un nuevo himno.

Porque, se sabe, los caminos del hit, como los del Señor, son insondables.

 


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